Los cortados rocosos que salpican la geografía de la Sierra Sur de Jaén, constituyen el anfiteatro natural donde es posible escuchar el canto encumbrado de las chovas piquirrojas, que en acrobáticas formaciones, se dejan caer a plomo hacia el fondo de los abismos, para luego remontar grácilmente como si de cometas se tratara.

 

 

El sonido que emiten los numerosos grupos de chovas, en ocasiones acompañados de grajillas, constituye una algarabía que podemos escuchar al concluir nuestro ascenso a cualquiera de las cimas de la comarca, como La Pandera, Ventisqueros, o Jabalcuz.

Estos elevados enclaves también son sitios propicios para escuchar el agudo reclamo del halcón peregrino o la risotada paciente de los cernícalos vulgares que anidan en cualquiera de los extraplomos rocosos.

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