Los sonidos de la naturaleza nos ayudan a relajarnos. ¿Qué mejor entorno para ello que salir una noche al campo, tumbarse y contemplar el cielo estrellado con la única melodía del canto de los grillos?

Desconectar del ajetreo que conlleva la vida es, sin duda, la principal razón para dejarse mecer por los sonidos de la naturaleza y ¿quién no asocia el canto de los grillos con las estrellas, con el reposo y con la tranquilidad?

Si agudizamos el oído y aguardamos en silencio, para no inquietar a los animales que salen al refugio que proporciona la oscuridad, de seguro que escucharemos mochuelos y alcaravanes que campan por la campiña, o algún cárabo, si paseamos por zonas más boscosas.

Una noche de verano, a la vera del Pantano de Vadomojón, los grillos forman un continuo coro de vida que inquieta la noche y marca el límite entre la quietud del medio acuático y el bullir de los herbazales de la ribera.

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