Junto a las riberas, donde el agua fluye frescamente, el cantar armonioso de los pájaros y el discurrir del líquido elemento inducen a calmar la mente. La amarilla oropéndola canta en las copas de los árboles, entre la hojarasca, cobijándose de los rayos del sol.

Desde la penumbra y la protección que proporciona el matorral se escuchan las llamadas del ruiseñor bastardo, los petirrojos, zarceros y currucas. Son estas riberas auténticas y enmarañadas selvas mediterráneas, donde se ocultan las pequeñas avecillas canoras.

Las primeras horas del día y la caída de la tarde son el mejor momento para parase ante una ribera y escuchar atentos al bullicio que se esconde entre zarzales, hiedras y madreselvas.

Esta grabación ha sido realizada en el paraje del Nacimiento del Río San Juan, en Castillo de Locubín.

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